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OTRO AÑO SERÁ.

 

En un mes de agosto en el que la climatología nos ha respetado, he disfrutado en familia de unas semanas inolvidables y llenas de actividad. He de reconocer sin embargo que la edad nos da avisos recordándonos que nuestra juventud se marchita.

Iniciábamos los días con actividades deportivas en la calle, como mero espectador o participante, concluyendo con unos largos en la piscina para apurar la actividad matinal. Recuperábamos fuerzas en alguno de las diferentes vermuts o comidas populares organizadas y tras ello disfrutábamos de un hábito sanísimo, la siesta, que poco a poco con nuestras actividades ordinarias hemos ido relegando al ostracismo.

 

Lo duro, aunque gratificante, se iniciaba a partir de ese momento supremo recuperado. El hábito empezaba desplegando el programa de actos facilitado por el Ayuntamiento y comenzaban las dudas sobre a qué punto de la ciudad acudíamos y en qué actividad participábamos.

Dentro de la oferta podíamos recrearnos con elementos tradicionales olvidados y que nos retrotraían a tiempos pasados. Entre otros pudimos bailar la peonza y saltar a la rayuela. Contra lo que podría parecer nuestros tecnológicos críos disfrutan con estos momentos que a nosotros parece que nos da vergüenza recordar.

Magia, gegants, talleres, conciertos y bailes para los pequeños competían con los torneos de billar, dominó, ajedrez, bailes de country y el apasionante campeonato de butifarras con degustación incluida. En lo que sí nos poníamos de acuerdo era en acudir al cine a la fresca con películas para todos los públicos, estrenos recientes aunque fuera ya de cartelera.

Cita obligada durante este mes han sido los fuegos artificiales, las cenas populares y los conciertos de grupos para mí desconocidos, pero que son el elemento imprescindible y alegre para cerrar un día agotador.

Once días de fiesta mayor en un municipio en el que desde hace tres años la construcción del Teatro Municipal se encuentra paralizada, pero que piensa en sus ciudadanos y se trabaja con la intensidad necesaria para gozar de una ciudad en estos tiempos tan difíciles que estamos viviendo.

Supongo que tras esta breve exposición ya se habrán dado cuenta de que no me refiero a Sant Andreu de la Barca como el destino de mis vacaciones. Y me pregunto por qué nuestro gobierno municipal se empecina en mantener un formato de fiesta mayor que a nadie satisface, una pena. Aun así disfruten lo que puedan en estos días de fiesta, cumplamos el expediente y otro año será.



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José Manuel García Bravo
Concejal de D3.0 en Sant Andreu de la Barca
 

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